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Creatividad y pensamiento divergente: recursos para los desafíos que vienen

“La imaginación es el principio de la creación: imaginas lo que deseas, persigues lo que imaginas y finalmente, creas lo que persigues”. George Bernard Shaw

El pensamiento divergente es un proceso de pensamiento para generar ideas creativas mediante la exploración de posibles soluciones. Este tipo de pensamiento ocurre de forma espontánea, ya que muchas ideas son generadas en un corto espacio de tiempo y estas conexiones inesperadas son reflejadas en nuestra mente. Es un enfoque mental fluido y no lineal, basado en la curiosidad y también en el inconformismo. De hecho, es también un tipo de pensamiento muy común en los niños, ahí donde la alegría, la imaginación y la frescura ofrecen más libertad a sus razonamientos. Posteriormente al proceso de pensamiento divergente, las ideas creadas son organizadas y estructuradas usando el pensamiento convergente.

El pensamiento convergente es un término acuñado por Joy Paul Guilford, en oposición al pensamiento divergente, también conocido como pensamiento vertical. Representa la habilidad para dar la respuesta «correcta» a preguntas estandarizadas que no requieren significativamente de creatividad. Este tipo de pensamiento preconiza que sólo existe una solución correcta para cada problema. Los seres humanos nos basamos en nuestros conocimientos previos y ordenamos de manera lógica la información disponible para llegar a esa solución inequívoca que cierra el problema. Se mueve buscando una respuesta determinada o convencional, suele buscar una única respuesta.

Ningún tipo de pensamiento es mejor que otro. No obstante, el auténtico problema está en que nos han “entrenado” para pensar de un solo modo (convergente), dejando a un lado, e incluso anulando por completo, la espontaneidad, el ingenio, la capacidad crítica y la libertad expresiva.

Diversos estudios psicológicos han demostrado que el pensamiento divergente se encuentra más presente entre las personas con rasgos de personalidad tales como: inconformismo, curiosidad, persistencia y voluntad de asumir riesgos. Dichos rasgos de personalidad son más importantes para la creatividad que un alto coeficiente intelectual.

El pensamiento divergente está de actualidad. En una sociedad acostumbrada a darnos competencias similares llega un momento en que las grandes empresas empiezan a valorar otras aptitudes que aporten ingenio, vitalidad y auténtico capital humano a sus proyectos. Así, alguien capaz de ofrecer innovación, creatividad y nuevos objetivos para nuevos retos, puede convertirse en un gran candidato para muchos de estos proyectos organizacionales.

La teoría de la conectividad o de redes semánticas señala que el pensamiento divergente es capaz de hallar relaciones entre ideas, conceptos y procesos que en apariencia carecen de similitud alguna. Los estudios en creatividad señalan que las personas disponemos de diferentes redes mentales de asociación:

  • Las personas con redes semánticas «empinadas» se rigen más por la lógica yel pensamiento lineal.
  • Por su parte, las personas con redes semánticas «planas» tienen unas redes mentales mucho más conectadas a la vez que laxas. Es decir, a veces relacionan dos cosas entre sí que no tienen sentido, pero poco a poco se van ayudando de otras redes hasta alcanzar una idea ingeniosa e innovadora.

El «pensamiento lateral» de Edward de Bono se refiere a la capacidad de algunas personas de aportar múltiples respuestas e ingeniosas ideas para la solución de problemas. Bono ha desarrollado metodologías concretas para el desarrollo del pensamiento divergente.

La “sinéctica” es un término acuñado por el psicólogo William J. J. Gordon. Significa básicamente ser capaces de hallar uniones y relaciones entre conceptos, objetos e ideas que en apariencia no tienen unión alguna. En muchos cursos orientados a entrenar a las personas en pensamiento divergente, es común que se planteen a los alumnos cuestiones como las siguientes:

¿Qué tipo de cosas podrías hacer con un ladrillo y un bolígrafo?

  • ¿Qué tipo de usos se te ocurren si te ofrecemos un cepillo de dientes y un palillo?
  • ¿Qué puedes hacer con un clip y una cuchara?
  • ¿Qué relación podrían haber entre el río Limpopo de África con el lago Baikal de Siberia?

La técnica Scamper es otra estrategia de desarrollo de ideas creativas elaborada por Bob Eberle. Es útil para crear algo innovador y para entrenar nuestro pensamiento. Por ejemplo, «¿cómo generar ideas para conseguir una forma de trabajar más divertida?». Una vez tenemos esa “idea”, la pasaremos por una serie de “filtros”:

  • Sustituye algún elemento de esa idea por otro: ¿qué podemos cambiar de nuestra manera de divertirnos?, ¿y de nuestra forma de trabajar?.
  • Ahora combínalas todas: ¿qué podemos hacer para que nuestro trabajo sea más divertido?.
  • Adáptalas: ¿qué hacen en otros países para trabajar con menos estrés?.
  • Modifícalas: ¿cómo trabajar sin estresarse?.
  • Dales tros usos: ¿qué hay en mi trabajo que pueda hacerlo más divertido?.
  • Elimina algunas: ¿y si entrara un poco más pronto para aprovechar mejor el día?.
  • Reformula: ¿qué pasaría si me atreviera a…?).

En un estudio realizado por la psicóloga Nina Lieberman, que se recogió en el libro “Playfulness: Its Relationship to Imagination and Creativity”, se reveló algo interesante. El pensamiento divergente va de la mano de la alegría, del optimismo y el bienestar interior. El tener buenas relaciones sociales, el disfrutar de un buen descanso y estar libre de presiones, de ansiedad y de estrés, optimiza el pensamiento divergente. Es evidente que en nuestro estilo de vida tan cargado de presiones y preocupaciones, descuidamos gran parte de esas dimensiones. Por tanto, podríamos concluir que este tipo de pensamiento nace también de un tipo de actitud hacia la vida. Una actitud positiva que nos permita ser más libres, más alegres, más inconformistas y más abiertos a experiencias nuevas.

El pensamiento convergente fue dominante desde el Renacimiento y especialmente desde la Ilustración hasta mediados del siglo XX. Aunque siempre tuvo rivales, entre otros, como el interpretativismo en las ciencias y el surrealismo en las artes, fue dominante y es en parte responsable de los grandes avances científicos de la modernidad. En la última parte del siglo XX y lo que llevamos del siglo XXI, muchas premisas del pensamiento moderno han sido cuestionadas. Entre ellas, el afán por el método científico tradicional que, poco a poco, va mutando y abriéndose a nuevas formas de interpretar la realidad, sin perder rigurosidad. Hoy en día, cada vez más, los grandes descubrimientos científicos surgen de ejercicios poco convencionales, de ideas colectivas y de formas menos rígidas, más divergentes y más creativas de trabajar.

Las empresas del siglo XXI requieren un pensamiento más divergente. Se enfrentan a retos cada vez más complejos, superando cualquier época pasada. Un mercado competitivo al extremo, un consumidor cada vez más exigente y un entorno que cambia a velocidades de vértigo obligan a innovar constantemente. Reconocer las buenas ideas, aquellas con gran potencial para convertirse en productos o servicios deseables para un amplio público, es una de las tareas más complejas a las que se enfrentan los actuales empresarios.

Por lo tanto, hoy en día, una idea novedosa, original y útil es la base de cualquier iniciativa empresarial. Pero después de generar la idea, el proceso innovador continúa y la creatividad sigue siendo necesaria para conseguir llevarla al mercado de manera exitosa. El emprendedor o empresario, no solo tiene que ser capaz de generar una idea, ha de ser capaz de encontrar la manera de desarrollarla eficientemente y de convencer al público del valor de su propuesta. En todas las fases está presente la creatividad y por ello, desde hace varias décadas, la ciencia se ha interesado por analizar la posible relación existente entre la creatividad y el espíritu empresarial.

Los diversos mecanismos de creatividad expresados anteriormente nos sirven para conocer un poco más cómo funciona este proceso mental, pero la producción creativa es algo mucho más complejo. Son muchas las variables que hacen que algo sea creativo o no, desde las variables relacionadas con la propia persona, el entorno, el comportamiento creativo elegido y la innovación esperada. Y todavía son muchas más las variables influyentes cuando se trata del ámbito empresarial, por ejemplo cuando debe lanzarse en el mercado un nuevo producto o servicio. En este caso deben sumarse otros factores como la rentabilidad, las tendencias, el entorno digital, la capacidad operativa y la adaptación cada vez más exponencial requerida por los actuales mercados. Por ello, la creatividad a nivel empresarial debería considerarse como un proceso sistémico y debería ser abordada desde todos los posibles ámbitos para producir propuestas verdaderamente innovadoras y eficientes.

En conclusión, el gran reto para el Neuromanager del SXXI está en desarrollar su creatividad, su imaginación, su adaptabilidad, su habilidad para la resolución de problemas y su capacidad para enfrentarse a entornos y realidades cada vez más caóticas, «entrópicas» y cambiantes. Para un contexto lineal puede ser útil un proceso convergente, pero un contexto exponencial como al actual requiere procesos cada vez más divergentes.

“La creatividad es la inteligencia divirtiéndose”. Albert Einstein

(Ideas extraidas de PersonalThinking, Lamenteesmaravillosa, BBC)

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