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Decisiones Vs Sesgos Cognitivos

 

BUENAS DECISIONES Vs SESGOS COGNITIVOS

Las buenas decisiones provienen de la experiencia. Y la experiencia proviene de las malas decisiones.

Un proceso tradicional decisorio seguiría las siguientes fases:

1 Identificar la situación

2 Recopilar información

3 Identificar alternativas

4 Sopesar evidencias e implicaciones

5 Seleccionar alternativa

6 Tomar decisión y pasar a la acción

7 Análisis de resultados y consecuencias

Y es evidente que nuestras emociones y nuestros sesgos cognitivos juegan un papel fundamental en dicho proceso. En psicología, los sesgos cognitivos son efectos que causan una alteración al procesar determinada información (juicio errado, interpretación incoherente o ilógica) y que afecta el modo de percibir la realidad. Es un peso desproporcionado a favor o en contra de una cosa, persona o grupo en comparación con otra.

Son varias las teorías que orientan sobre la existencia de diversos sesgos cognitivos en el proceso de la toma de decisiones. El siguiente listado pretende resumir algunos de los principales:

 Sesgo de los marcos estrechos. Son la tendencia común que tenemos al definir nuestras opciones de un modo demasiado acotado, con el fin de verlas en términos binarios. Por ejemplo, nos preguntamos: ¿Deberíamos hacer esto o lo otro? En lugar de platearnos de este modo una situación, deberíamos preguntarnos: ¿Hay alguna manera de hacer esto de otro modo, desde otro paradigma, con otros medios,….? Con frecuencia nos encontramos atrapados en un marco estrecho en el que se destaca una alternativa a expensas de las otras.

Sesgo de confirmación. Un hábito normal en nuestras vidas es desarrollar una creencia precipitada acerca de una situación y luego buscar información que refuerce esa creencia. Cuando la gente tiene la oportunidad de recopilar información, es más probable que seleccione aquella información que respalda su actitud, sus creencias y sus acciones preexistentes. Es la tendencia a buscar y prestar atención selectiva a la información que confirma lo que ya pensamos. Por lo tanto, interpretamos más positivamente aquellos hechos que básicamente respalden nuestras opiniones previas e ignoramos inconscientemente aquella parte de la información que no comulga con nosotros. Lo que es lo mismo: vemos lo que queremos ver y oímos lo que queremos oír.

Sesgo de emociones a corto plazo. Cuando debemos tomar una decisión difícil, nuestros sentimientos se agitan. Repetimos los mismos argumentos en nuestra cabeza. Nos desesperamos por nuestras circunstancias. Cambiamos de opinión de un día para otro… Levantamos tanta polvareda que no podemos ver el camino a seguir.

 Sesgo de exceso de confianza. La gente cree saber más de lo que en realidad sabe sobre el futuro. Tenemos demasiada confianza en nuestras propias predicciones debido a que, centramos nuestra atención en la información que tenemos a mano, y luego sacamos conclusiones a partir de esa información.

El exceso de confianza es la sobrevaloración de nuestras capacidades y razonamiento intuitivo. Las investigaciones indican que sobreestimamos nuestra capacidad de predecir y la precisión de la información que tenemos sobre una situación. Tendemos a creer que algo es más probable que ocurra de lo que es en realidad. Pero solo deberíamos de fiarnos de nuestra intuición cuando nos encontramos en un entorno estable y previsible. La intuición no es más que saber reconocer en el presente circunstancias pasadas que se reproducen y adoptar medidas conocidas. En entornos “irregulares” o complejos como la formulación estratégica, uno no se puede fiar de su intuición.

Sesgo de la inercia. Este sesgo también conocido como del status quo, implica que prefiramos que las cosas permanezcan como están sin importar si el cambio supone pérdidas o ganancias ya que, nuestra mente nos ata a la opción actual que es la que menor esfuerzo nos requiere. La aversión al riesgo, a la perdida, o al futuro son facetas de la inercia que provoca en el directivo actuaciones conservadoras, cortoplacistas y rechazo a explorar nuevas oportunidades muy distintas de lo conocido.

 Sesgo del interés. Presente en mayor medida en líderes que en las personas ordinarias, surge cuando la aversión al riesgo está motivada por el temor del fracaso sobre la reputación personal del decisor (su prestigio, credibilidad). También está presente cuando se produce un conflicto de interés entre el interés individual y el colectivo. La gran mayoría de las violaciones éticas se producen sin que sus autores hayan tenido jamás la intención consciente de faltar a su deber.

Sesgo del grupo. Se produce cuando existe un pensamiento homogéneo por la convergencia de los puntos de vista de un grupo, a menudo hacia los de su líder jerárquico y que nadie está dispuesto a cuestionar o romper. También ciertos rituales, valores o creencias sociales que históricamente se han “vivido” como ciertas en el grupo social o geográfico de referencia.

Sesgo del efecto halo. Nos lleva a trasladar una cualidad particular de una persona hacia el resto de sus características (si es bueno en muchas cosas, es bueno para todo…

Sesgo de la profecía autocumplida. Es la predicción que, una vez hecha, es en sí misma la causa de que se haga realidad un pensamiento, sentimiento o percepción.

Sesgo de la representatividad o de status. Se refiere a que cuando una persona considera que posee cierto status, tenderá a negar y a defenderse de cualquier comentario que lo contradiga, aun si para ello debe auto-engañarse. Este sesgo tiene mucha relación con el sesgo de la confirmación y normalmente se presenta con personas con un cargo elevado (empresarios, gerentes,..) o que se consideran de determinada clase social (tanto elevada como baja).

Sesgo del presente. Este sesgo incluye dos tendencias conductuales: la propensión a exagerar los costes y beneficios inmediatos con respecto a los que se producirán en el futuro, por una parte; y la propensión a abordar de forma mucho más equilibrada los costes y beneficios postergados que se producirán en el futuro, por otra. Ej. decisiones de empezar una dieta… Es el sesgo responsable de POSTERGAR las cosas necesarias para mañana debido a la dificultad de afrontar la realidad presente, confiando en que mañana tendremos ganas.

Sesgo del anclaje. Se trata de una tendencia a «anclarse» en un rasgo o en una parte de la información y obviar el resto. Somos víctimas de este sesgo cuando, por ejemplo, vamos a comprar o tenemos en cuenta solamente el precio del producto o cuando nos enfadamos con nuestra pareja por un hecho aislado y nos concentramos exclusivamente en el defecto, haciendo que sus cualidades desaparezcan. El efecto anclaje nos lleva a adoptar una visión muy parcializada de la realidad, es como unos prismáticos que no nos dejan ver más que algunos detalles. De esta forma, difícilmente logramos analizar las situaciones en su conjunto, no tenemos una visión global de los eventos y, a la larga, esto nos lleva a tomar malas decisiones. Este sesgo también se puede detectar cuando generalizamos en nuestro lenguaje (siempre…, nunca….).

Sesgo de impacto. Este sesgo se refiere a la tendencia que tenemos a sobreestimar nuestra reacción emocional, sobrevalorando la duración e intensidad de nuestros futuros estados emocionales. Pero las investigaciones confirman que la mayoría de las veces no nos sentimos tan mal como esperábamos cuando las cosas no van como queremos. Este sesgo es una de las razones por la que a menudo nos equivocamos en la predicción sobre cómo nos afectarán emocionalmente los acontecimientos futuros.

Sesgo de disponibilidad. Es un mecanismo que la mente utiliza para valorar qué probabilidad hay de que un suceso suceda o no. Cuando más accesible sea el suceso, más probable nos parecerá, cuanto más reciente la información, será más fácil de recordar, y cuanto más evidente, menos aleatorio parecerá. Este sesgo se aplica a muchísimas esferas de nuestra vida, por ejemplo, una persona que asegura que fumar no es tan dañino para la salud, basándose en que su abuelo vivió más de 80 años y fumaba tres paquetes al día. Este sesgo también afecta en los momentos en que pensamos «a mí nunca me sucederá esto..», basándonos en el hecho de que a nadie de nuestro círculo cercano le ha sucedido antes por lo que deduciremos que es poco probable que nos suceda.

Sesgo de la memoria. La investigación psicológica revela que cuando evaluamos recuerdos de cara a tomar decisiones sobre nuestro futuro, a menudo esos recuerdos se muestran sesgados hacia ejemplos poco comunes que son muy positivos o muy negativos, tendemos a recordar acontecimientos insólitos o poco habituales más que acontecimientos diarios o cotidianos. Esto es porque el cerebro da mucha importancia a fenómenos extraordinarios o poco usuales debido probablemente a la importancia que estos tenían en el aprendizaje a lo largo de la  evolución. Este sesgo afecta a nuestra capacidad de predicción futura.

 

Posibles soluciones para la evitación de sesgos. Teoría WRAP:

  1. Ampliemos nuestras Opciones frente a una elección. (Winder your options). Un marco estrecho hace que no tengamos en cuenta algunas opciones clave.
  2. Apliquemos la prueba de la Realidad y analizamos nuestras opciones. (Realiy-Test your asssumptions). El sesgo de información nos lleva a recopilar información interesada.
  3. Tomemos distancia antes de decidir. (Attain distance before deciding). Las emociones a corto plazo, nos tentarán a tomar la decisión equivocada.
  4. Preparémonos para estar equivocados. (Prepare to be wroung). A menudo, confiaremos demasiado respecto a lo que deparará el futuro.

 

Conclusión:

Pueden coexistir el sesgo del presente que nos hace postergar el dejar un mal habito, el sesgo de disponibilidad que nos hace pensar que este hábito no es tan malo, el sesgo de impacto que nos hace creer que estaremos muy mal si lo cambiamos y el sesgo de la aversión a la perdida que nos hace considerar este habito como algo propio que formar parte de nuestra personalidad…. Cualquier combinación como estas nos llevará a frenar nuestra propia evolución y nuestros deseos de cambio.

Tal vez te hayas identificado con alguno de ellos o te habrá servido para darte cuenta de que algunas decisiones que tomas están “enmascaradas”. Lo importante es detectarlos, gestionarlos y conseguir cambios positivos en tu vida.

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